Levanta la mirada y apaga la pantalla

Ayer por la tarde, buscando un poco de fresco, me senté en el parque al que solemos ir con la pequeña. Ella dormía tranquilamente en su silla de paseo, por lo que me senté en la sombra un poco apartada de los gritos de los pequeños, que en plenas vacaciones desprenden energía por todos lados.

Me gustan esos momentos de tranquilidad. Acompañada por mi hija inmersa en sus sueños de bebé, y rodeada por un mundo y decenas de vidas que nos empeñamos a vivir sin pausa.

El libro de “Lo Mejor de nuestras vidas” esperaba en la cesta del cochecito a ser leído, pero sin embargo ayer me decidí a observar mi alrededor. Es una costumbre, casi una afición. Me gusta observar aunque sea el simple movimiento de una hormiga cargando una miga de pan.

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Fue entonces cuando percaté en ella. Una pequeña de unos cinco años, risueña y pizpireta. Llevaba dos coletas que dejaban caer un precioso pelo rizado color castaño. Sus rodillas repletas de hematomas y rozaduras mostraban el uniforme preferido de los pequeños exploradores y aventureros. Con una sonrisa se colocaba unos patines de manera rápida y patosa. El hombre que la acompañaba, su padre, restaba sentado en un banco inmerso en su pantalla de móvil.

La niña se esforzaba en colocarse sus nuevos patines, sin cesar en su propósito de conseguirlo. El padre no levantaba su vista de ese aparato que lo tenía abducido. Finalmente ella lo consiguió y se levantó, con el consiguiente coscorrazo. El padre, sin levantar la vista del teléfono ni dejarlo de lado, la regañó “te vas a hacer daño, estate quieta”.  Lógicamente, la niña lo siguió intentando. Siguió cayéndose y levantándose, intentando apañarse en eso de ir sobre ruedas y sin dejar de llamar a su padre para que él viese sus progresos. Sin embargo, el hombre siguió sumergido en su smartphone.

Observé mi móvil, reposando encima del banco. Me sentí esclava de él y lo maldecí. Allí restaba él, en silencio, inmóvil, siendo un anexo de mi. Siempre dispuesto a ser encendido, siempre dispuesto a mostrarte las últimas noticias y a enviar y recibir mensajes o llamadas. Siempre ahí.

Observé a ese hombre, sentado en ese banco, absorbido por un teléfono mientras su hija iba creciendo y descubriendo el mundo. Observé a esa niña, que entendía que ese aparato era algo indispensable en ese momento, y se dedicaba a intentar llamar la atención de su padre a cada logro.

¿En qué nos hemos convertido? Estos aparatos, ideales para mantenernos conectados con el mundo, nos desconectan de nuestro mundo. Nos perdemos momentos únicos por estar mirando sus pantallas. Nos perdemos imágenes reales por intentar plasmarlas todas en él. Nos empeñamos en decir que los niños son adictos a las pantallas, cuando es lo que les demostramos día a día.

¿Qué queremos mostrar a nuestros hijos? La mayoría de ellos nos han visto pegados al teléfono móvil desde que nacieron. Después intentaremos esforzarnos en que no sean ellos quienes vivan pegados al teléfono. La adicción a las nuevas tecnologías ya es una patología, los pediatras se esfuerzan en repartir folletos informativos sobre cómo detectar una adicción al móvil o a las redes. Sin embargo, nos olvidamos que su principal ejemplo somos nosotros.

Os dejo un video que me ha encantado y habla sobre esto. Espero que os guste tanto como a mi. Y recuerda “Levanta la mirada y apaga la pantalla”. 

16 comentarios

  1. Cuánta razón. Yo me obligo a apagar los datos de vez en cuando (el móvil en sí no…siempre espero alguna llamada urgente). En cuanto al libro, no tardes en leerlo, es una maravilla. Tengo mi opinión en el blog pero no me deja pegarte el link 😦

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    1. Después buscaré la entrada de la que me hablas en tu blog. He leído muy buenas opiniones del libro y la verdad es que se lee muy rápido y me está gustando mucho. Muchas gracias por pasarte y comentar guapa 🙂

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  2. Reblogueó esto en amareselmotory comentado:
    ¡Qué gran verdad! Leed esta entrada del blog “sermadres” que os dará mucho que pensar. Es algo que me planteo a diario y parte de mi lucha. ¿Qué le estamos enseñando a nuestros hijos? ¿Cuántos momentos nos estamos perdiendo?

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    1. Gracias guapa 🙂

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  3. Totalmente de acuerdo. menos móvil y más disfrutad de los que tenemos al ladito.

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  4. ¡Verdades como puños! suscribo al 100% tus palabras. ¡Cuántas veces me he entristecido al ser consciente de que mis hijas llevaban un rato jugando ante mí y me he perdido la delicia de observarlas por estar pegada a la pantalla. Alguna vez me he sentido fatal cuando la mayor me sacaba de la abducción gritándome “mami, mami!!!” como si necesitara que despertara ya de ese sueño fatal y ESTUVIERA de verdad con ellas. Dichoso aparato que tanto nos ha hecho avanzar y al mismo tiempo retroceder…Sé que con los años me veré regañándolas por pasar demasiado tiempo enganchadas a la tecnología y que no tendré ninguna autoridad moral para hacerlo. Veremos como nos apañamos…Desde luego es para reflexionar y hacer cambios importantes. Entre ellos ser muy exigentes en el “off line” mientras estamos jugando con nuestros hijos. Merecen nuestra presencia real. Las consecuencias de lo contrario no son nada positivas…¡Gracias por recordármelo!

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    1. La verdad es que lo más habitual es que yo en ese momento también hubiese cogido el móvil y me hubiese quedado absorbida por publicaciones de Facebook, blogs o conversaciones de whatsapp. Miramos más el móvil que nuestro alrededor, sin tan siquiera darnos cuenta de ello. Mi hija deja cualquier juguete en cuanto ve el móvil y va a por él. Sé que es normal porque le llama la atención, pero no puedo evitar sentirme mal por haberle enseñado que cuando estamos juntas ese trasto siempre está ahí, en segundo plano, esperando que lo coja. Gracias por compartir y por tu comentario guapa. Un abrazo!

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      1. La verdad es que sí…Pero bueno, no podemos desanimarnos. Somos humanas y ésta es una de nuestras limitaciones. Lo importante es luchar por vencer este “vicio”. Pero sin perder la alegría!! Un besazo guapa

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  5. Me entristece mucho esto que cuentas, también he sido testigo en numerosas ocasiones de algo así… yo cada vez lo dejo más de lado, especialmente si estoy con mi hijo. Hace dos días sin ir más lejos, estaba en la sala de espera mientras él daba su clase de “natación” y me dediqué a esperar a que pasaran los 20 minutos sólo observando a la gente. Todos los que estaban allí conmigo, algunos con otros hijos también esperando, estaban con sus móviles. A un pequeñín que andurreaba por allí le dediqué yo más sonrisas que su propia madre… me entristece, no tengo otra palabra.

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  6. Yo también intento dejarlo cada vez más de lado. No me gusta enseñarle a la pequeña que este trasto forma parte de cada uno de nuestros instantes. Desgraciadamente cada vez veo más familias que comen con móviles en la mesa, que a cada instante lo tienen ahí o que lo utilizan siempre para entretener a los niños a modo de “toma y calla un rato”. Es triste, la verdad. Ojalá cambien las cosas y no tengamos que encontrarnos más con estas situaciones como la que tu describes. Un abrazo guapa, gracias por pasarte y comentar.

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  7. Me ha encantado, no podría explicarse mejor! Cuanta razón. A veces me doy cuenta que estoy con el móvil y mi peque jugando o hablando sólo… Y qué pena me da 😦 cada vez más , por suerte, dejo el móvil a un lado si estoy con el.

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    1. Poco a poco, yo también voy intentándolo, me da pena pensar que mi hija pueda ver ese aparato como un anexo a mi.. Y es que realmente vamos todo el día con ellos encima. Gracias por pasarte y por tu comentario! Un abrazo

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  8. Uuuufff yo con estas cosas tengo un cabreooo, odio el movil y realmente si te digo que cuando más uso el movil es cuando voy al baño jejejejejeje
    Mira un ejemplo muy parecido al que has contado tú vi yo hace unos días. Me fui al ayuntamiento a por unos papeles, y en la sala de espera está una chica con una niña de un añito, la niña iba caminado de un lado a otro, y la madre con el teléfono, y de repente se va hacia la puerta, y yo le digo a mi chico ay madre que se acaba de ir corriendo la niña hacia la puerta y de repente viene el padre con la niña de la mano y le dice a la madre, oye estate atenta de ella que yo estoy hablando por teléfono, y le dice ella pues en vez de hablar por teléfono allí habla aquí que la niña no para de querer irse contigo, y le dice no puedo hacerle caso estoy hablando de negocios con un cliente, la mujer se enfada y le dice a la niña que se siente en el suelo y le da un juguete, mientras sigue con el movil, la niña dice que el juguete para su tia y se vuelve a ir corriendo… en fin que ni uno ni el otro hacia caso a la niña por estar con el teléfono, muy pero que muy fuerte me pareció!!! En fin, que los teléfonos creo que en vez de adelantar, nos atrasan… son un asco y una perdida de relación unos con otros, ahora todo se habla a través de whatssapp o de las redes sociales, se ha perdido la intimidas y el tomar un café…fatal!!
    besitosss

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  9. […] Origen: Levanta la mirada y apaga la pantalla […]

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  10. Ays, es muy triste pero es real al 100×100. Yo estando con Pichí no le hago mucho caso pero es verdad q a veces aprovecho para ver las noticias o lo q sea y me tengo q recordar a mí misma q lo importante es jugar con mi niña. Estamos metidos en la vorágine esta de la tecnología q no nos deja ni pensar. Lo importante es darse cuenta y cambiarlo, q somos el ejemplo para nuestros niños!! Me ha encantado tu reflexión 🙂 Un besote!

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  11. Yo como bicho raro que soy, siempre tengo el móvil sin sonido y cuando llego a casa lo dejo en la cocina con la puerta cerrada… Si voy a algo lo miro y lo vuelvo a dejar, siempre contesto tarde al whatsapp 😉 . Si salgo a la calle igual también sin sonido, sólo le pongo el sonido si salgo yo sólo con el Peque… Odio los móviles, los ordenadores, etc… Pero no puedo vivir sin ellos… Y aún así hay momentos que me siento como cuentas “absorbido” por la pantalla 😦 .

    El otro día se me olvidó en casa y no pasó nada :D, creo que se me va a olvidar más veces 😉

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