De pareja a padres   –   Feliz Día del Padre 

Hace años que iniciamos éste camino. Se podría decir que llevamos viajando media vida de la mano.

Éramos dos niños navegando juntos por el sendero del amor, creciendo al mismo ritmo que la vida se nos escapa de las manos.

Siempre juntos. Superando obstáculos, disfrutando de los buenos momentos y llorando juntos en los malos.

Y llegó la convivencia. Pusimos nuestras raíces en el piso que hemos ido convirtiendo en nuestro hogar. Las paredes de nuestra casa se convirtieron en testigos silencioso de nuestra relación y las ventanas iluminaron cada escena de la película de nuestra vida. 

Hasta que un día decidimos empezar a soñar en una nueva etapa. Soñar en ser uno más y transformar nuestro hogar en el nido de una familia. 

La pasión y la ilusión se mezclaron con el amor. Y finalmente, llegó el día en que supimos que dejaríamos de ser dos para ser uno más.

Mi barriga creció al mismo ritmo que aumentaba la ilusión. Nuestro hogar empezó a adquirir tonos pastel y aroma a Mustela. Los caprichos se convirtieron en bolsas llenas de ropita de bebé y en nuestras mesitas presidían los libros de crianza.

Al final de esa etapa nos esperaba el día en que nuestra niña llegó al mundo. El día en que dejamos de ser dos para ser tres. El día en que sin darnos cuenta, nos convertimos en padres y dejamos atrás la pareja que éramos.

Las películas de domingo se convirtieron en dibujos animados y las tardes de sábado por el centro las cambiamos por el parque y paseos con el cochecito. Los adornos de la casa se transformaron en coloridos juguetes y decenas de objetos de puericultura se apoderaron de cada rincón de nuestro piso.

Nuestra cama de matrimonio se convirtió en una cama familiar y nuestros baños de burbujas en pareja se transformaron en duchas individuales a toda prisa. 

Sí, es cierto. No somos los mismos que hace un año. Ahora gran parte de nuestras conversaciones tratan de balbuceos, pañales y papillas. Las ojeras se han instalado en nuestras caras y a la que nos sentamos en el sofá a ver una película, caemos en un sueño profundo antes de que hayan puesto el título. 

Pero fue en el momento en el que te vi con la niña en brazos en el que supe que no sólo eras el mejor compañero de vida, sino que también eras el mejor padre que ella podría tener. Porque cada vez que te veo jugar con ella, acariciarla, besarla y cuidarla; me enamoro más del hombre que me convirtió en madre. Y no hay nada mejor para un hijo que ser criado con amor.

Sí, es cierto. No somos los mismos. Ahora somos padres. Ahora somos mejores.
  

Feliz día del padre, a ti, por hacerlo posible.

Y feliz día a todos los padres, porque cada uno de vosotros sois los mejores padres que pueden tener vuestros hijos. 

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