El día que volví a nacer – #DeParto

Tal y como dije, aquí os dejo la crónica de mi parto. He querido sacar de él lo bonito y positivo de la experiencia. Le he dado un tono distinto, a modo de relato.


CRÓNICA DE UN PARTO NO ANUNCIADO

Todo estaba apunto para recibir a Mapachita. La fragancia a muebles nuevos envolvía esa habitación que habíamos preparado con tanta ilusión. La minicuna estaba vestida con suaves sábanas de algodón, el reluciente cochecito presidido por la MaxiCosi esperando ser estrenado, y las bolsas del hospital aguardaban encima de la cuna a que llegase el día de ir al hospital.

Ese martes de agosto había transcurrido con total normalidad. Las contracciones iban y venían sin ser regulares. Acababa de cumplir las 38 semanas, y poco me imaginaba que mi embarazo estaba a punto de llegar a su fin.
A pesar de que mi barriga era enorme, de los calambres en las ingles y de los piececitos que se me clavaban en las costillas, me encontraba bastante bien.

Pero esa noche todo cambió.

Un dolor intenso, parecido a un dolor de regla intenso, se apoderó de mi. Mi barriga se puso dura como una roca y mis bragas y pantalones se tiñeron de rojo.

Se acercaba medianoche cuando llegamos al hospital. Atravesé esa puerta sabiendo que entrábamos siendo dos y saldríamos siendo tres.

Todo sucedió muy deprisa. Como si de una película se tratara. Un desfile de batas blancas me rodearon. Ecografías, tactos…
A pesar de no estar de parto, mi hija tendría que nacer esa noche.

Entonces empezó la función:


El decorado se transformó en un quirófano. Las luces blancas me envolvían mientras los zuecos se movían al mismo ritmo con el que las enfermeras preparaban a toda prisa el material.

El desfile de batas blancas se convirtió en un baile de batas verdes con mascarilla y gorro.

Unos guantes fríos acariciaron mi espalda y después de un par de pinchazos, ese dolor insoportable se convirtió en hormigueo.

El monitor cardíaco daba ritmo a la función. Al compás de mis pulsaciones bajaban los sueros, y mientras el frío oxígeno se filtraba por mi nariz, escuchaba los murmuros de los ginecólogos.

 Los anestesistas se encargaban de estar a mi lado comprobando que la medicación bajaba bien. Trenzaban cables de sueros al mismo ritmo que mi tensión arterial subía y bajaba.

Un guante de vinilo me acariciaba la cabeza y una voz con acento argentino susurraba que todo saldría bien.

En esa camilla, con medio cuerpo dormido y desnudo, me sentía más inerme que nunca. Estaba rodeada de gente y sin embargo, me sentía más sola que nunca.

Hasta que llegó ese instante único e indescriptible. Un llanto enérgico y lleno de vida inundó ese quirófano. Mi hija ya había nacido y estaba bien.

Las luces parecieron volverse más cálidas. Las manos que trabajaban en mi cuerpo se ralentizaron y el ritmo de mis pulsaciones disminuyó. Los labios que susurraban con acento argentino dibujaron una sonrisa y me aseguraron que acababa de nacer una luchadora preciosa.


Al cabo de un rato, una matrona volvió con mi pequeña en brazos. Llevaba ese gorrito rosa a topos que con tanto cariño habíamos escogido con Papá Mapache y estaba envuelta en su arrullo de estrellas.

Y en ese instante se paró el mundo. Me la pusieron al lado de mi cara. Allí estaba ella, mi pequeña. Mi sueño hecho realidad.

Mi bebé, mi niña. Tan chiquitina y tan bonita.

Ahí estaba mi pequeña, pegada a mi, con los ojos bien abiertos. Unos ojos negros brillantes llenos de vida.

Esos ojos que cada día me recuerdan que ese día ella nació y yo volví a nacer con ella.

Hablando en términos médicos lo que sufrí fue un desprendimiento de placenta.

La placenta que daba alimento y oxigeno a mi hija se empezó a desprender parcialmente en mi casa (de ahí el sangrado) y la cosa fue empeorando durante el rato que estuvimos en el hospital. Cuando abrieron, por lo que me contó el ginecólogo, estaba casi desprendida en su totalidad.

Ella nació con Apgar 9/10 y no necesitó reanimación. Yo me sigo recuperando de las secuelas de esa cesárea, pero sin duda es mi cicatriz de vida, la que me recuerda que gracias a ella, mi vida está junto a mi.
—————


¿Quieres contar cómo fue tu parto?

Si queréis compartir vuestra experiencia de parto en mi blog, os animo a que la escribáis y la mandéis a la dirección blogsermadres@gmail.com
Cada semana publicaré la experiencia de parto de una lectora para compartirla con las demás.

4 comentarios

  1. Madre mía, qué miedo debiste pasar. Por suerte las dos estáis bien y esa experiencia te hará más fuerte.

    Un abrazo

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    1. Sí, con el tiempo todo se ve desde otra perspectiva por suerte. Gracias por pasarte María. Un abrazo guapa

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  2. Uff, me pusiste los pelos de punta. Me alegro de que todo fuera bien. 🙂

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  3. Las 2 fuisteis muy valientes! Qué bien que todo saliera bien al final!

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